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viernes, 7 de marzo de 2014

Este jueves... Mascotas.


EL MILAGRO DE PIRRI
Tenemos un loro que nos tiene a todos encandilados. Se llama Pirri y yo Julio Martínez Medina. Al resto de la familia no os lo presento.
Pirri pasa mucho tiempo sólo en casa y, para que no enloquezca, tiene un espejito dentro de la jaula.
Yo paso mucho tiempo sólo en casa y, para que no enloquezca, mi familia trajo a Pirri a casa.
En ocasiones, Pirri se mira al espejito y, con su acento loril, repite cansinamente: espejito espejito, espejito espejito, espejito espejito. Entonces, yo, miro a Pirri, y con mi acento socarrón de los madriles, le repito cansinamente: espejito espejito, espejito espejito, espejito espejito.
En una ocasión, y sólo en una ocasión, llegué a creer que mi familia trajo a Pirri a casa para que yo enloqueciese. Y le pusieron un espejito dentro de la jaula para que él no enloqueciera.
Abandoné esta hipotética hipótesis el día que vi a toda mi familia mirando a Pirri. Todos, al unísono, le imploraban lo que se había convertido en una especie de letanía dentro del núcleo familiar: espejito espejito, espejito espejito, espejito espejito. Y Pirri lo repetía al instante.
Como ya había abandonado mi seria sospecha, relajé mi psique y, todos los miembros de la familia, cada uno frente a un espejo, comenzamos una gran conversación que nos cambió para siempre.

Alberto Villares.

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lunes, 3 de marzo de 2014

Una metamorfosis


SOY UN CERNÍCALO
Desperté y tenía el cuerpo cubierto de plumas. Era algo extraño, muy extraño. En mi vida me había ocurrido nada igual. Del cuello para abajo tenía el aspecto de un ave de presa: largas plumas remeras en las manos, abanico de timoneras que salían de mi rabadilla, mis pies estaban como escamados y tenían unas garras muy afiladas. El pecho lo tenía cubierto de claras plumas moteadas. Como me gustan las aves, pude adivinar que me había convertido en un cernícalo. Sí, uno de esos que se ciernen sobre los campos en busca de pequeñas presas.
Como podréis imaginar, ni se me pasó por la cabeza salir a la calle con semejante aspecto. Además mi tamaño también se había reducido considerablemente hasta llegar al tamaño real del ave. Aguanté hasta la noche para meterme otra vez en la cama (en realidad me posé sobre un brazo del sofá), y confiando en despertar al día siguiente habiendo concluido mi metamorfosis.
Al cabo de ocho horas, pues soy muy dormilón, abandoné mi posadero y de un vuelo me coloqué sobre el lavabo, frente al espejo. Era increíble, no podía creerlo. ¡Ya era un cernícalo completo! Mi cabeza estaba emplumada, mis ojos eran de un negro azabache y, por boca y nariz, tenía un imponente pico. Volé ansioso hasta el salón y allí di varias vueltas en círculo. ¡Cómo me cernía sobre el mando de la tele! Me asustaba de mis propias garras. ¿Y mi vista? ¡Podía leer con perfección un libro colocado a más de diez metros de distancia!
Pasaron las horas, comencé a sentir hambre y me encontré con un serio problema. Como ya era un cernícalo completo, no podía abrir la nevera ni la puerta del armario de la despensa, la puerta de la calle, abrir una ventana, un grifo, y tampoco utilizar el teléfono para pedir ayuda. Incluso había perdido el habla y tan sólo podía emitir un extraño chillido: kii-kii-kii.
Llevo así más de tres días y ya sólo deseo despertar una mañana, mirarme al espejo, y comprobar que vuelvo a ser un ser humano. De lo contrario moriré de hambre o de sed. Quién sabe si esta noche, por fin, será la definitiva.

Alberto Villares

viernes, 28 de febrero de 2014

Este jueves... en el tren.




MI ABRIGO Y YO

Usted perdone señora, que con el abrigo tan grande que llevo siempre voy molestando a todas partes. A veces me dicen, medio en broma, que debería pagar dos asientos en lugar de uno, que si mi abrigo es tan grande como una persona también se aprovecha del servicio de este tren. ¿Qué le parece señora? ¡Un abrigo con rango de persona! Si supieran la cantidad de aventuras que hemos pasado juntos mi abrigo y yo. Nunca me lo quito, es mi protección. ¡Incluso en verano me mudo a Noruega! ¿Qué le parece señora? ¡Señora!
 
POR UN PAJARITO
Cogimos el primer tren de la mañana sin imaginar lo que ocurriría. La cara somnolienta de siempre y el mismo ritual. Alguna vez nos habíamos sentado el uno frente al otro. No la conocía de nada pero la deseaba. Mirábamos cómo el sol salía por el horizonte. En la siguiente parada, entre los viajeros, entró volando un pajarito. Se movía rápido y le seguíamos con la mirada. El animalito nos hizo intercambiar una sonrisa. Parece un petirrojo, dije yo. Parece más un herrerillo, dijo ella. En la siguiente parada el pajarito se marchó. Nos encanta recordarlo.

Alberto Villares.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

Este jueves... En prisión.



LAS CONDENAS
Desde tiempos prehistóricos gozamos al no sabernos juez y reo. El ser humano ha ideado multitud de condenas. Las más usuales son la condena de muerte, reservada para los más osados, y la privación de libertad, reservada para los más incautos.
Donde quiera que estés siempre habrá una cárcel esperándote. La celda tendrá la peculiaridad de no tener barrotes, puerta, paredes donde marcar los días, guardias ni alambradas de espino. Los perros no serán agresivos sino dóciles y juguetones. Parecerá que eres libre. Esa será la condena, la de parecer que eres libre.

Alberto Villares
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