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sábado, 15 de febrero de 2020

Este jueves... Sucedió en el bus

Este jueves nuestro compañero Alfredo nos anima a escribir sobre algo sucedido en un autobús, y después de tantos y tantos jueves sin participación por mi parte, aquí dejo unas líneas sobre algo que pudo suceder, o no. Espero que os guste!




Todos lo hemos cogido de adolescentes para ir al instituto. El 138 era uno de esos buses que hacían una función umbilical entre nuestro barrio y el tedioso instituto. 

Una vez, subí con un tobillo medio escayolado y ayudándome con unas muletas. En lo aparatoso de mi subida presenciaba todo tipo de reacciones: caras de empatía, semblantes de impaciencia, incluso comentarios despectivos. 

Dicen que una de las virtudes del ser humano es la solidaridad, yo digo que esa virtud debe de ser un gen, que lo heredas o no al nacer. Supongo que, a los exentos de este gen, todavía se les puede enseñar a ser solidarios con todo el mundo, y no sólo con los de casa. 

Ocurrió que, al llegar a mi barrio desde el tedioso instituto, en el 138 tal como os dije al principio, se disponían a subir dos auténticos colosos de al menos dos metros de altura, cuyas manos podrían reventar un melón sin el menor esfuerzo. Estos dos colosos se ayudaban con unas muletas para caminar. Al parecer, eran hinchas de fútbol que se habían accidentado en alguna trifulca deportiva de esas que salen en la sección deportiva del telediario. Y, supongo, que los comentarios despectivos hacia estos señores serían meramente anecdóticos, aunque en el 138 nunca se sabe. 


Alberto Villares


Tienes más relatos de autobús en la casa de Alfredo: La Plaza Del Diamante

jueves, 18 de julio de 2019

Este jueves... Metamorfosis

(Imagen de la red)


SOY UN CERNÍCALO
(Antiguo relato que me ha parecido oportuno desempolvar) 

Desperté y tenía el cuerpo cubierto de plumas. Era algo extraño, muy extraño. En mi vida me había ocurrido nada igual. Del cuello para abajo tenía el aspecto de un ave de presa: largas plumas remeras en las manos, abanico de timoneras que salían de mi rabadilla, mis pies estaban como escamados y tenían unas garras muy afiladas. El pecho lo tenía cubierto de claras plumas moteadas. Como me gustan las aves, pude adivinar que me había convertido en un cernícalo. Sí, uno de esos que se ciernen sobre los campos en busca de pequeñas presas. 

Como podréis imaginar, ni se me pasó por la cabeza salir a la calle con semejante aspecto. Además mi tamaño también se había reducido considerablemente hasta llegar al tamaño real del ave. Aguanté hasta la noche para meterme otra vez en la cama (en realidad me posé sobre un brazo del sofá), y confiando en despertar al día siguiente habiendo concluido mi metamorfosis. 

Al cabo de ocho horas, pues soy muy dormilón, abandoné mi posadero y de un vuelo me coloqué sobre el lavabo, frente al espejo. Era increíble, no podía creerlo. ¡Ya era un cernícalo completo! Mi cabeza estaba emplumada, mis ojos eran de un negro azabache y, por boca y nariz, tenía un imponente pico. Volé ansioso hasta el salón y allí di varias vueltas en círculo. ¡Cómo me cernía sobre el mando de la tele! Me asustaba de mis propias garras. ¿Y mi vista? ¡Podía leer con perfección un libro colocado a más de diez metros de distancia! 

Pasaron las horas, comencé a sentir hambre y me encontré con un serio problema. Como ya era un cernícalo completo, no podía abrir la nevera ni la puerta del armario de la despensa, la puerta de la calle, abrir una ventana, un grifo, y tampoco utilizar el teléfono para pedir ayuda. Incluso había perdido el habla y tan sólo podía emitir un extraño chillido: kii-kii-kii. 

Llevo así más de tres días y ya sólo deseo despertar una mañana, mirarme al espejo, y comprobar que vuelvo a ser un ser humano. De lo contrario moriré de hambre o de sed. Quién sabe si esta noche, por fin, será la definitiva. 

Alberto Villares


Tienes más Metamorfosis en este mismo blog. Saludos y abrazos múltiples a discreción.

Lista de participantes

(Imagen de Wikipedia)


Y van llegando las Metamorfosis particulares de cada juever@. Sin duda que serán de gran gusto y más provecho. Se las voy sirviendo en la mesa:








domingo, 14 de julio de 2019

Convocatoria juevera

(Imagen de Wikipedia)

Hola amig@s, una semana más, aquí estamos, preparados para darle al intelecto y regurgitar una pizca de creatividad en forma de microrelato. Como me toca coordinar esta convocatoria, me voy a dar el gusto de animarles a escribir sobre... UNA METAMORFOSIS. Desde nuestro ancestro Ovidio hasta animalillos como los anfibios o las mariposas. Las personas también sufrimos cambios, nos metamorfoseamos con el paso de los años, o tras determinadas experiencias que "nos cambian".

(Imagen de la red)

Que cada cual escoja su metamorfosis, y construya un relato de cabo a rabo, o de principio a fin. Estaré encantado de ir recibiendo vuestros trabajos y publicarlos el próximo jueves. 

(Imagen de la red)
Un gran abrazo y feliz semana.

jueves, 4 de julio de 2019

Este jueves... en el cine

Esta semana es nuestro amigo Juan Carlos quien nos guía en esta azarosa tarea de crear sobre papel vacío, ahí es nada. Nos anima a escribir sobre aquellos cines de barrio o de pueblo, que eran los que teníamos antes de la llegada de las grandes superficies comerciales. Aquí dejo mi aportación, que espero sea de agrado y provecho:



CINE DEL PUEBLO 

Ya están todos sentaditos: el Rogelio con la Ricarda, que no sé qué habrá visto en ella; la Purita con ese gañán del Casildo, que si supiera que tiene favorita en el redil; don Genaro, siempre con su bastón de mando y acariciando los muslitos a la sobrinita del boticario, que parece disfrutar provocando al dinosaurio; los quintos también se han metido, supongo que gratis, como pitanza que les da su pueblo… 

Ya estoy preparadito para accionar el proyector, pero me gusta hacerles esperar. Se ponen nerviosos con cada minuto que me excedo de la hora. En una ocasión, me excedí más de cinco minutos, y me acertaron en la cabeza con un cagajón; hoy seré yo quien salga victorioso. A mis pies tengo la artillería pesada: un cenacho repleto de cagajones recién traídos de la cuadra del Alfonsino. 

Eran las cinco y cuatro minutos, y ya se movían sus cabecitas más de la cuenta. Cogí un cagajón con la mano derecha, accioné el proyector con la izquierda… ¡Al Rogelio se la tiro por calzonazos! Con tan mala suerte que le acerté a don Genaro en la mano impúdica. Y es que, cuando me entusiasmo como aquel día, olvido que soy zocato. Y además que me vieron todos: eran las cinco y cinco. 


Alberto Villares.

Tienes muchas más relatos que, si aún no los has leído, te están esperando en el blog ¿Y qué te cuento?

viernes, 5 de abril de 2019

Este jueves... Elige uno

Hola a tod@s!

Esta semana es nuestra amiga Mónica (Neogéminis) quien nos conduce la inspiración juevera. Su propuesta es elegir uno de los recortes que nos ofrece, para después escribir sobre aquello que nos inspire. Aquí dejo mi aportación, y deseo que disfrutes con su lectura:



EL LABERINTO DE LOS SUEÑOS ROTOS

Y allí estaba yo, con mi cazamariposas dando mandobles a diestro y siniestro. Se escapaban y se siguen escapando, -creo que me ven las intenciones. Siempre me han dicho que soy demasiado transparente. Aún así, no cejo en mi empeño y continúo repartiendo mandobles a un lado y a otro. Son pequeñas, grandes, medianas, de colores oscuros o de colores claros, con matices en negro y llamativos ocelos. Reparto mandobles y alguna cae dentro de la malla. Siento pena por lo que hago pero, no sé vivir de otro modo. Tal vez no quiero prescindir de mi cazamariposas, para perseguir a esos animalitos tan llamativos, dotados de doble vida: de variopintas orugas a cándidas mariposas; de feo a bonito; de bonito a feo; de largos pelos y secreciones urticantes. Son animalillos que me fascinan. 

Llevo varios años con este rudimentario artilugio, y apenas he conseguido tres ejemplares. Son maravillosos, de esos que no pueden faltar en toda colección que se precie. Soy un ser insaciable, así que sigo perdido en un mundo floreado y cubierto de polvo: repartiendo mandobles a un lado y a otro. ¡Zas zas! Así es como se cazan las buenas mariposas. Puedo pasar días persiguiendo alguna en concreto; tal vez semanas, tal vez meses, tal vez años… 

Los años pasan y el cazamariposas está cada vez más raído: tiene varios agujeros por los que se escapan. Debo conseguir otro nuevo pero, han pasado tantos años, que deben de haber cerrado aquel sitio. ¡Zas zas! Sigo persiguiendo mariposas, sin importar color ni tamaño. Las más importantes ya las conseguí, pero el paso del tiempo las tiene decrépitas. ¡Zas zas! Sigo persiguiendo mariposas. Zas zas. Pasan los días, tal vez los años… 


Alberto Villares


Tienes más relatos en el blog de nuestra amiga Mónica.

jueves, 22 de noviembre de 2018

El viaje de tu vida

fotografía de internet



No sabíamos si aquel sería nuestro primer o último viaje. El lugar había sido elegido un poco al azar. Estábamos empezando a descubrirnos como pareja. Nos ponemos a buscar un sitio paradisíaco. Que si he estado en Tenerife y es precioso, que si avión mejor que coche… Finalmente, nos decantamos por la isla de Lanzarote. Tenía un punto desértico que contrastaba junto al mar. Todo en orden: madrugón, taxi, aeropuerto, vuelo, recibimiento y traslado al hotel. Carecíamos de preocupaciones. Apartamento de lo más acogedor y piscina privada dentro del complejo. Dejar maletas y acudir al comedor a degustarlo todo. Gestiones para alquilar un coche, mapa con marcas a bolígrafo y de vuelta al apartamento. Nos duchamos y, antes de vestirnos, nos ponemos a follar. Desplegamos mapa y deliberamos nuestro plan para el resto de los días: que si esto es precioso, que si esto cierra los lunes, que si estas playas, que si esto, que si aquello. Se nos hace tarde y decidimos dar un paseo. Tomamos una cerveza. Volvemos al apartamento: ducha, nos ponemos guapos y de nuevo al comedor. Los centroeuropeos ya han cenado. Paseo nocturno, brisa marina en el rostro y olas chocando contra el espigón. Pescadores a lo suyo. Senegaleses vendiendo abalorios y senegalesas haciendo trenzas. Nos jode que algunos sitios tengan todo en inglés o alemán; pero no en español. Nos sentamos a tomar algo: yo con, ella sin. Charlamos de la vida: nos estamos conociendo. Han pasado más de doce años y seguimos siendo los mismos. Algún cambio físico: peccata minuta. Tal vez, demasiado en la mochila, pero espalda fuerte. Y seguimos viajando, seguimos viajando. 

Dedicado a ti, nena. 


 Alberto Villares

Tienes más relatos viajeros en esta misma casa, un poquito más abajo. Y muchísimas gracias por tu lectura.

Lista de participantes: el viaje de tu vida.

Fotografía de internet




Y como viene ocurriendo desde incontables Jueves, van llegando deliciosos relatos para dejarnos con el vello de punta, la boca abierta, una ligera sonrisa o risotada, los ojos húmedos, incluso el alma descubierta. Les dejo con ellos:

FABIÁN MADRID
ALBADA DOS
CAMPIRELA_
GINEBRA BLONDE
MONTSERRAT SALA
MOLÍ DEL CANYER
ALBERTO V. (yo pispo)
NEOGÉMINIS MÓNICA FRAU
MARÍA DORADA
CARMEN ANDÚJAR
ROSA_DESASTRE
EL DEMIURGO DE HURLINGHAM
DOROTEA
MUJER VIRTUAL

domingo, 18 de noviembre de 2018

Convocatoria juevera: El viaje de tu vida.

Hola de nuevo amiguitas y amiguitos. Para esta convocatoria juevera de 22 de Noviembre de 2018, me presto para persuadirles a escribir sobre ése viaje que tanto nos marcó o que tanto deseamos hacer y que aún no hemos hecho. Ése antes y después que nos deja el regreso. La mente más abierta para conocer y aceptar a los demás a pesar de nuestras diferencias. Éso sí, no hay que olvidar la huella que dejamos en el planeta, así que, a escribir les animo y espero en esta casa. Y el que viaje que plante un árbol, por contaminar.

Las recomendaciones jueveras de rigor: publicar el jueves y no exceder de 300 palabrejas, a ser posible. 


Fotografía de internet









jueves, 15 de noviembre de 2018

Este jueves... el trabajo, una maldición bíblica.

Imagen de internet



LA TORRE 

Pues como le he ido contando desde que le conocí, que podría haber sido ayer o hace quince minutos, toda esta torre de ladrillos que tiene ante sus ojos la he levantado yo solito con mis manos. Cierto es que, cierto día, diseñé unas manos cuatro veces más grandes que las mías, para poder coger los ladrillos de cuatro en cuatro, ¿sabe usted? Y cierto es también que, cierto día, tuve que diseñar unas piernas cuatro veces más largas que las mías, para no tener que usar la escalera. Que uno tiene ya muchos años, ¿sabe usted? Por cierto, ¿usted de dónde viene, si no es indiscreción? 

No la es. Vine hace diecisiete años desde mi querida Guinea Ecuatorial. Allí trabajaba de sol a sol, como dicen ustedes, porque, como soy pigmeo, no me querían para muchos trabajos debido a mi corta estatura. Por cierto, que mi mujer y mis hijos tienen que estar preocupados por mi larga ausencia del hogar desde, ¿esta mañana? 

Claro, claro, y disculpe que le haya entretenido con mi verborrea, ¿dónde le dejo? 

Pues puede dejarme aquí abajo junto a la base de su querida torre. Muchas gracias, que tenga un gran día y que acabe pronto su magnum opus

Claro hijo, claro, salut! 

Arrivederci! 

¿Por qué se despide usted en italiano? 

¿Y usted en francés? 

Buena pregunta-respuesta. Vaya con Diós. 

¡Grazie grazie! 

¿Por qué me vuelve a hablar en italiano? 

Porque, en realidad, soy arquitecto italiano y he venido enviado por una multinacional para espiarle a usted; copiar el diseño de sus manos y piernas cibernéticas, y venderlas al mejor postor. Será toda una revolución para la construcción. 

En cuanto me baje de mis piernas cibernéticas le daré a usted un sonoro puñetazo. 

Ya, ya, para eso tendrá que echarme el guante. Arrivederci! 


Alberto Villares

Puedes disfrutar y gozar aún más con otros relatos en el hogar de nuestro amigo PEPE
Y un fuerte abrazo para el pueblo pigmeo, faltaría más. 

viernes, 29 de septiembre de 2017

Este jueves... ¡Música, maestros!


Y ahí estaba yo, tocando hasta siete instrumentos a la vez. La verdad que, esto de ser hombre orquesta, no es nada fácil, y no está pagao, pero te lo pasas bomba. El problema es el verano, cuanto más trabajo tengo, con las fiestas de los pueblos. Bolo tras bolo. Todo el verano haciendo bolos. Aunque también tiene su encanto, porque te suelen invitar a comer caldereta de esa que hacen con alguna pobre vaquilla. La vida del hombre orquesta es dura, no como la del hombre bala o la del hombre lobo. No, ellos no necesitan hacer uso de la pericia que gasto yo. Tocar siete instrumentos, ja! Incluso me acuerdo, de cuando era pequeño, de un tal hombre mosca. Qué feo que era cuando se transformaba en el bicho aquél. 

Yo la verdad que siempre mostré una sensibilidad especial por la caldereta de vaquilla, perdón, por la música. Toco siete instrumentos porque es el número de la suerte en la cultura cristiana. Que en los pueblos son muy beatos y esas cosas les gustan, o éso creo. Dicen que al séptimo día descansó. Pues yo, de descanso ná, porque mis bolos veraniegos suelen ser en domingo. Los domingos en los pueblos están como más de buen rollo, y te acaban dando ración doble de caldereta de vaquilla. Y con su toque de vino tinto y todo. ¡Qué rica está! 

Bueno, os voy a ir dejando, que dentro de un rato tengo un bolo y se me enfría la caldereta, que en este caso es de venao, pero muy rica también. Tendré que lavarme bien los dedos, que con tanto chupetear los huesos voy a dejar perdidos mis valiosos instrumentos. Hoy los hartaré con el bombo, que lo toco con el pié.

FIN

Tienes más relatos musicales en casa de nuestra amiga Roxana, haciendo clic en este enlace.


jueves, 9 de marzo de 2017

Este jueves... Bon apéttit

Esta semana es nuestra amiga Matices quien nos persuade la creatividad para que escribamos un relato, a ser posible, culinario. Aquí os dejo mi aportación:



BON APÉTTIT 

Una mañana primaveral, me encontraba dando un paseo con mi amigo Godofredo (nombre ficticio para preservar su identidad) por una calle pintoresca de una ciudad apacible (nada de chovinismos). Tras el agradable paseo, seguimos la jornada pensando dónde podríamos apaciguar nuestras ruidosas entrañas. Entramos en un mesón especializado en cocer cocidos. Yo tuve claro lo que pediría: cocido. En cambio, Godofredo se empeñó en pedir pato a la sangre (canard au sang), que había probado en París. “Caballero, aquí sólo cocemos cocido…” le dijo el camarero, cuando Godofredo puso sobre la mesa un taco de billetes de cincuenta euros. En ése momento, el camarero buscó a la chef. La chef entró en las cocinas y dijo: “un taco de billetes de cincuenta euros para quien cocine un pato a la sangre. Compré uno ayer y está en la nevera pequeña que tiene el imán con forma de pato”. En la cocina había un pinche marroquí que había trabajado en París. El caso es que, Said, que así se llamaba, cocinó un sabroso pato a la sangre; se ganó un taco de billetes de cincuenta euros y lo repartió entre su familia para seguir trabajando de pinche. La chef, quedó satisfecha por haber cumplido con lo que más le gustaba: satisfacer al cliente. Godofredo se chupó los dedos y se gastó una pasta en ello. Y yo, no pude hacer menos que escribir un relato que pudo ser ficticio. 

Alberto Villares


Tienes más relatos gastronómicos, o no, en la casa de "Matices en la vida"

viernes, 24 de febrero de 2017

Este jueves... Historias de una escalera

Y después de un largo silencio, una chispa hizo que la hoguera se avivara, y surgió como si del Fénix se tratara. Y así fue como acabé retomando la escritura, que dure.



Esta semana es nuestra amiga Charo quien nos anima a que escribamos acerca de alguna historia ocurrida en una escalera. Aquí dejo mi aportación para que la disfrutes, la borres, se la enseñes a tus amistades, la incluyas en una de tus ponencias, la copies, o lo que te apetezca. Ahí va:


EN MEDIO DE LA ESCALERA 

Ocurrió en una de esas escaleras que sirven para subir y para bajar. Estaba dividida en tramos de treinta y ocho peldaños perfectos, de esos con forma de ángulo de noventa grados. El caso es que me encontraba en su tramo medio. No el tramo medio de un tramo de treinta y ocho peldaños, sino del total de tramos de treinta y ocho peldaños. El lugar no resultaba agradable. Había recorrido gran parte de la escalera: concretamente la mitad. Paré para tomar un respiro y perdí la memoria. No sabía qué hacía allí, si subía o si bajaba. No recordaba el motivo de mi inversión energética en aquella empresa repleta de peldaños. Perdí el sentido, y temí caer rodando por las escaleras hasta abajo. Todo cesó cuando por allí me adelantó una tortuga. Concretamente un galápago, que son más ágiles que las tortugas de tierra y pueden agarrarse con sus uñas afiladas. Al subir al peldaño en el que me encontraba yo, se paró. Lentamente, giró su cabecita y me observó. Aún recuerdo su mirada circunspecta. Como de asombro. No sé lo que pudo pasarle por su cabeza verdosa, pero miró al frente y retomó su ascenso. Y yo, decidí seguirle. 

Alberto Villares



Puedes disfrutar de más historias ocurridas en escaleras en su blog ¿Quieres que te cuente?

jueves, 4 de agosto de 2016

Este jueves... Un día en...

Esta semana es nuestra amiga Charo quien se ha ofrecido para conducirnos en esta convocatoria juevera. Nos anima a escribir sobre la primera vez que viajamos a algún sitio y la experiencia que tuvimos a lo largo de todo el día en aquel destino. Puedes ver más experiencias viajeras en su blog, ¿Quieres que te cuente? Y ahora, si te parece, puedes leer mi aportación:




Y SOMBRERO PANAMEÑO 

Siempre hay un algo que te hace evocar otro algo. En mi caso fue un viaje en metro. Iba a trabajar, y, cuando me disponía a bajar, me entretuve leyendo una de esas pegatinas que ponen dentro de los vagones para animar a los viajeros a leer. En su interior había un fragmento de un libro precedido por una ilustración algo cómica. Tal vez os estéis preguntando qué aparecía en aquella pegatina. 

Fue algo difícil de explicar, ya que, en realidad, fue algo más premonitorio que evocador. Por un instante, aquella ilustración se convirtió en una especie de ventana con vistas a mi futuro yo, como una de esas bolas de cristal que sacan las brujas y brujos en la tele. El caso es que me pude ver de mayor, a una edad de jubilación aproximadamente. En la ilustración aparecía un señor sentado en la terraza de un paseo marítimo, con traje de lino y sombrero panameño, y disfrutando de una copa de vino mientras la brisa marina le acaricia la barba canosa de varios días. 

Sonó el pitido que indica el cierre de puertas y me precipité a salir. Acudí a mi puesto trabajo y no pude quitarme aquella imagen de la cabeza en todo el día. Sin ninguna duda era yo, porque mi capacidad para fantasear así lo aseguraba. Podría vivir tranquilo sabiendo que llegaría hasta la jubilación, como mínimo, y que viviría junto al mar, o que lo visitaría regularmente. Tendría el privilegio de disfrutar del mar fuera de temporada alta, pues aquella premonición sugería tiempo primaveral u otoñal. Y así pasé todo el día, hasta que me acosté, fantaseando sobre aquel señor con sombrero panameño al que la brisa marina le acariciaba la barba canosa. 


Alberto Villares

jueves, 28 de abril de 2016

Este jueves..., esculturas al aire libre


Esta semana, por no repetirme con lo de Este jueves, es nuestra amiga Molí, en su blog Molí del canyer, quien nos anima a escribir sobre esculturas al aire libre. La verdad que últimamente no ando sobrado de creatividad, imagino que por culpa del trabajo. Después de varias semanas de silencio, aquí os dejo mi aportación. Espero sea del agrado de sus lectoras y lectores.

(Imagen de la red)


Me vino a la cabeza mientras paseaba por un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, y me topé con una estatua del famoso mono de Anís del mono, y me hizo recordar algo que me había ocurrido no hacía mucho tiempo, allá en Madrid. Os lo cuento:

Eran las siete de la tarde en plena plaza de la Puerta del Sol, de un bullicioso Madrid. En una esquina de la plaza, cerca de la calle del Arenal creo recordar, había un mimo de esos que te hacen una mueca o se mueven como un resorte si les echas una moneda. El caso es que, más que mimo, era una mima, que cada vez que la echaban una moneda se quitaba una prenda de vestir. Había congregado gran expectación masculina, dado que había llegado hasta su ropa interior. En efecto, con la próxima moneda se desprendería del sujetador o de las bragas, muy bonitas por cierto. El problema fue que ninguno de los asistentes, por mucho que nos buscábamos, teníamos moneda alguna en nuestros bolsillos. Y no es que no tuviéramos monedas, sino que ¡no teníamos la cartera encima!

El motivo de semejante pérdida monetaria fue que, la mima, tenía una mona de berbería adiestrada que nos había estado robando las carteras y monedas de los bolsillos. ¿Que por qué no nos dimos cuenta del hurto?, pues porque todos teníamos clavada la mirada en lo mismo. 

La mima abandonó su postura pétrea, acarició a la mona ladrona con mirada cómplice, y nos dijo que recuperaríamos  nuestras carteras. Sólo teníamos que hacer una cosa, quedarnos en calzoncillos. Mientras nos desnudábamos la mona nos iba devolviendo la cartera, así como demás enseres, de uno en uno. El animal había memorizado a quien pertenecía cada objeto. Y mientras nos quedábamos en calzoncillos, la mima se iba poniendo toda la ropa que se había quitado, sacó un pequeño espejo, y se pintó los labios gozando de tener todo un harén de hombres desnudándose para ella.

Todos estábamos allí casi desnudos y con la mirada clavada en las losas de piedra de la pavimentada plaza, ya que el pudor nos impedía levantar la mirada y sentirnos observados por la muchedumbre, más femenina que masculina. Y, poco a poco, iban cayendo monedas a nuestros pies. Eran las mujeres que nos animaban a quitarnos los calzoncillos, muy variopintos por cierto. Pasamos tanta vergüenza y nos sentimos tan humillados que nunca más volvimos a mirar a las mujeres como a un trozo de carne. Ni a las monas de berbería. Menudos bichos listos. Se merecen una estatua al aire libre ;-)

P.D.: Confieso que la estatua en honor al Anís del mono está en Badalona, situada en las cercanías de la fábrica de dicha bebida espirituosa.


Alberto Villares


Espero haber contribuido a que tu día haya sido un poquito mejor después de haber leído esta historia, que pudo ser cierta, ¿o me ocurrió de verdad? No lo recuerdo. 

sábado, 9 de abril de 2016

Este jueves... Preguntitas


Este jueves es nuestro amigo Alfredo quien nos invita a responder a quince preguntas sobre nuestro blog y otras quince preguntas sobre nosotros. Aquí dejo mis respuestas:

1.- ¿Lo del Blog, casualidad o causalidad?
Causalidad. Juan Carlos Celorio, compañero del Taller de Cuento, en ocasiones me hablaba de los blogs y los jueveros. A mí siempre me dio pereza hacerme un blog. Fue cuando Charo, también compañera del Taller de Cuento, se hizo también un blog para participar en los Jueves literarios cuando decidí probar, y me lancé al mundo juevero.
2.- ¿Escribir es una terapia global o sólo un tratamiento de andar por casa?
Es una terapia global contra la soledad, entre otras cosas. Para determinadas patologías es mejor buscar un especialista, aunque un blog siempre ayuda.
3.- Los libros viejos huelen a rancio y los nuevos a tinta fresca... ¿A qué huele un Blog? 
En mi caso leo más autores viejos que modernos. Tal vez soy yo quien huele a rancio jaja! Un blog, al igual que su autor, puede tener un olor a fresco o a rancio.
4.- ¿Es el Blog, un buen escondite para los tímidos? 
Por supuesto. Es una máscara contra el pudor de el cara a cara.
5.- ¿Tener un Blog y publicar en él, crea nuevas expectativas sociales? 
Totalmente de acuerdo. Se amplía, con el tiempo y ganas, el círculo de amistades y las expectativas de cada persona.
6.- ¿Escribir es una ciencia o un arrebato emocional? 
Ambas cosas, pero se necesita ése punto de arrebato. Es decir, que dominando solamente la teoría no te saldrá nada relevante, o eso creo.
7.- ¿A falta de lápiz y papel, bueno es un Blog? 
Para mí no. Soy incapaz de publicar un relato que no haya sido creado sobre un papel.
8.- ¿La inspiración tiene fecha de caducidad? 
No debería. La inspiración depende por completo de cada persona y de su estado emocional. Pero, al igual que una planta de casa, puede morir si no se atiende con regularidad.
9.- ¿Los Blogs se alimentan de la solidaridad? «Tú me comentas, yo te comento» y así nuestras respectivas páginas van engordando... 
Si. De nada o para muy poco sirve lo que publiquemos si no lo va a ver nadie. No se trata de engordar el blog, sino de hacerlo útil.
10.- Si oyes la palabra Blogodependencia, ¿qué te viene a la cabeza? 
Drogodependencia. Tal vez no es una dependencia al blog sino a otro tipo de satisfacción, como tampoco se puede ser adicto a una revista. Más bien te vuelves adicto a la opinión de los demás.
11.- ¿El Blog, como el vino, mejora con los años? 
No tiene por qué. Hay que trabajarlo.
12.- ¿Es el Blog un escondite para mostrar la verdadera cara o al contrario... no te puedes fiar de lo que parece políticamente correcto? 
Generalmente no me fío de lo políticamente correcto, aunque es necesario para no herir.
13.- ¿Un placer inconfesable sólo al amparo del Blog? 
Todos mostramos placeres inconfesables en nuestros relatos, sólo hay que saber buscarlos.
14.- ¿Qué tiene de mágico inventar escenas y personajes y llevarlas al papel? 
El desarrollo de la creatividad y el consuelo del desconsuelo. Nuestra esencia está en cada uno de nuestros personajes.
15.- ¿Por qué ocultarse tras un seudónimo? 
Porque es más personal que el nombre y apellidos. Al fin y al cabo, el pseudónimo lo elige uno mismo, mientras que el nombre y apellidos nos los pusieron otros.
16.- El vaso, ¿medio lleno o medio vacío? 
Medio lleno. La palabra vacío me aterra.
17.- ¿Qué lugar de tu ciudad no hay que dejar de conocer? 
A día de hoy me considero de varias ciudades, pero si tengo que elegir una me quedo con entrar a los jardines de Aranjuez a primera hora de la mañana o en otoño.
18.- ¿Qué lugar del Mundo no hay que dejar de conocer? 
Creo que recorrer buena parte del río Amazonas tiene que ser inolvidable.
19.- ¿Qué protagonista de película te gustaría ser? 
Complicada pregunta. Creo que el jesuita que interpreta Jeremy Irons en La misión.
20.- Un escritor antipático y una película imprescindible. 
Mario Vargas Llosa, con perdón. Y Apocalipse Now, de Francis Ford Coppola.
21.- Un libro, sólo uno. 
Pues se trata de un pequeño librito titulado El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono.
22.- ¿Relato corto o microrrelato? 
Me gusta todo relato que no se extienda innecesariamente. El microrrelato tiene su encanto.
23.- ¿Las penas con pan, son menos penas? 
En efecto.
24.- ¿De risa desbordante o sonrisa cómplice? 
Me quedo con la risa desbordante, sin hacer de menos la mordacidad de quien la domina.
25.- ¿En la soledad pides ayuda a las musas? 
Cada vez menos. Las dejo que vengan a verme cuando las plazca.
26.- ¿Cuántas velas iluminaron tu último pastel de cumpleaños? 
Dos. Una con un tres y otra con un siete.
27.- De 3 a 5 palabras (que no palabrotas) define el mundo actual. 
Solidario y extremadamente frágil.
28.- ¿Algún tatuaje, en tu piel, que no veamos a simple vista? 
Dos. Un dragoncito chino en la espalda y un caballo alado en el pie.
29.- ¿Qué no te gusta que te pregunten? 
Cada cuánto follo. No entiendo qué interés puede tener para los demás.
30.- ¿Qué faltó que te preguntara? 
Creo que de momento nada. El resto te lo cuento encantado mientras degustamos unas cervezas.




viernes, 12 de febrero de 2016

Este jueves... Una historia de fantasmas.

Esta semana, nuestra querida amiga Charo, nos anima a escribir sobre... Una historia de fantasmas. Espero que disfrutéis con mi aportación y con las vuestras, que podréis ver en la casa de Charo.



El salón estaba repleto de cazadores, y desbordado con el sonido de sus cucharas contra el plato. Degustaban unas migas mientras la cocinera, con la espumadera en el caldero grande, parecía dirigirlos como un director de orquesta. Voces, risas, vino (prohibido comer las migas con agua) y cucharadas en los platos de vidrio viejo. 

Entre conversaciones cruzadas y sonoras cucharadas, alguien hace un comentario que paraliza la escena. Alguno, nuevo en la cultura montera, ha mentado al ciervo blanco. Cállate hombre; Más cuidado con lo que se dice; Aquí se viene a lo que se viene, y el que quiera joder ¡puerta! Eran algunos de los comentarios que le lanzaron. 

El incauto se asusta por la crispación que ha provocado con su inocente comentario. En ese momento, suena el lento caminar de un animal grande. Sus pezuñas golpean con firmeza sobre el suelo del salón. Nadie habla. Todos, en silencio, se ponen de pie. Algunos incluso se cogen al antebrazo del de al lado. Un gran ciervo, blanco y con una maravillosa cuerna oscura, ha entrado en el salón. 

Aquel día, aquel incauto, supo que al ciervo blanco no se le nombra. Y no se le nombra porque aparece, y, por un momento, todos los presentes se ven los unos a los otros con el aspecto que tendrán el día de su muerte. 

Aquel día, aquel incauto, los vio a todos viejos, muy viejos. Y sintió la curiosidad de ver su aspecto frente a un espejo. Y le asustó ver que, su aspecto, no había cambiado. 


Alberto Villares

sábado, 23 de enero de 2016

Este jueves... Sucedió a bordo de...

Esta semana nuestro amigo Pepe nos anima a participar con un relato sobre algo ocurrido a bordo de... Espero que disfrutéis con mi aportación y con las vuestras, que podréis ver en la casa de Pepe.



Pues mi relato trata de una anécdota que me ocurrió a bordo del Apollo 13. Aquella mañana, calurosa por cierto, a Rogelio, el gallego, se le ocurrió que, como despedida, fuésemos a la cantina del Centro Espacial Kennedy. Imaginaos, mi cohete salía en apenas dos horas y allí estaba, en la cantina, con mi traje de astronauta, y con el Rogelio. 

Yo solo quería una infusión, una manzanilla o un poleo de esos. Comprendedme, ¡me iba al espacio! En fin, que el jodido Rogelio, el gallego, ni corto ni perezoso, se puso a pedir copas de sol y sombra*. Menos mal que Paco, nuestro querido tabernero del Centro Espacial Kennedy, nos ponía patatas fritas de bolsa y unos mejillones en escabeche por encima, ¡Joder, qué ricos! 

Y allí estábamos, totalmente borrachos, porque he de deciros que nos bebimos la botella empezada de anís del mono que Paco, nuestro querido tabernero, guardaba para ocasiones especiales. Comprendedme, ¡me iba al espacio! En fin, que subimos, Rogelio y yo, cantando un particular Asturias patria querida, a la cabina del Apollo 13. 

Todo salió como lo acordado. Entramos en órbita. Me costaba moverme por culpa del peso del traje y por el pedo que llevaba encima. De repente recordé que Rogelio, el gallego, también había subido al Apollo 13, pero sin traje de astronauta. Vamos, que la palmó en poco tiempo. Y a mí, lo primero que se me ocurrió fue abrir la escotilla alfa123a, y tirarle al espacio. Así que ahora, cuando me emborracho, suelo acabar cantando el famoso Hay un gallego en la luna. 


*Es una popular bebida alcohólica mezcla de coñac (sombra) y anís (sol), en la misma proporción y en una copa de pequeño tamaño. 

Alberto Villares

sábado, 13 de junio de 2015

Este jueves... Pecados capitales

Este jueves, nuestra querida Charo, nos anima a escribir sobre pecados capitales. Cada cual que escoja a conciencia y que escriba a placer. Aquí podrás ver mi aportación, y en el blog de Charo, muchos más. Que los disfrutes.



GALLINAS 

Pedro, el mantúo*, entró cabizbajo en la iglesia, se dirigió al confesionario, se reclinó y dijo: Padre, confieso que he pecado. En ése momento, Don Segismundo, el párroco, salió del confesionario y le dijo a Pedro ¡Hombre no te preocupes! ¡Acompáñame! ¡Verás cómo acabamos con ésos pecados! 

Segismundo, el párroco, empujó una falsa pared, que se abrió y les dio paso al ring parroquial ¡Ponte cómodo!, allí tienes unos calzoncillos amarillos, los guantes rojos y las zapatillas moradas–le dijo el párroco al mantúo. 

Una vez convertidos en boxeadores, el mantúo y el párroco, comenzaron a moverse por el cuadrilátero como si tuvieran resortes en los pies. Segismundo, el párroco, era famoso en la comarca por su derechazo fulminante. A Paco, el mantúo, le temblaban las canillas. No podía imaginarse que, irse a la era con Mariana, la porquera, le fuese a costar semejante paliza. 

Las viejas del pueblo, todas de negro y alrededor del cuadrilátero, gritaban como posesas y alababan al párroco, que se quitó los guantes y bajó a que le besaran la mano. Mientras, el pobre mantúo, más mantúo que nunca, yacía en el centro del cuadrilátero: el tabique nasal roto, la ceja izquierda abierta, la boca ensangrentada…, horrible. 

Unos monaguillos se llevaron a Paco, el mantúo, más mantúo que nunca, a su casa. Las viejas se quedaron dormidas como si fueran gallinas apiñadas sobre el palo de un gallinero. Y Segismundo, el párroco, volvió a ponerse la sotana y reinició sus quehaceres. 

Rufo, el herrero, entró cabizbajo en la iglesia, se dirigió al confesionario, se reclinó y dijo: Padre, confieso que he pecado. Mientras, de la calle entraban voces de vecinos que celebraban el resultado de las Elecciones Generales, y gritaban vivas a la República. 

* Palabra extremeña. Triste, alicaído. Se aplica al ganado. Ejemplo.: un pollo mantúo. 


 Alberto Villares.



Muchas gracias Charo, como siempre, has llevado la convocatoria de forma ejemplar.

sábado, 28 de febrero de 2015

Este jueves... una canción

BUTCH CASSIDY AND THE SUNDANCE KID


Este jueves, nuestro amigo Juan Carlos, en su blog ¿Y qué te cuento? nos propone escribir sobre alguna canción que haya tenido algún significado en nuestras vidas. Nunca me había parado a pensarlo pero, la famosa Raindrops Keeps Fallin´ on My Head (gotas de agua siguen cayendo en mi cabeza) que acompañó a la película Dos Hombres y un Destino, (en aquella época y aún ahora, los españoles no éramos capaces de leer su verdadero título, que es el de esta entrada, y hubo que buscar algo más cercano) es todo un alegato en favor de la búsqueda de la libertad.

La amistad entre Butch Cassidy (Paul Newman), Sundance Kid (Robert Redford) y Place (Katherine Ross) así como su amor a la libertad, queda patente en multitud de imágenes del film. Y, como en la vida misma, la libertad acaba por ser doblegada por la ley, en ocasiones injusta. 

De las estepas del lejano oeste norteamericano, en el mismísimo estado de Wyoming, hasta el cono sur, pasando por Buenos Aires y acabando sus andanzas en territorio Boliviano (como más tarde el mismísimo Che Guevara), su libertad recorrió el mundo sin conocer fronteras. Estos dos hombres, Butch y Longabauth (Paul Newman y Robert Redford) encontraron su destino final: la muerte. 

Place (Katherine Ross), la compañera de ambos pues, en efecto, parece haber un lazo afectivo y amoroso entre los tres protagonistas, fue más previsora y marchó a norteamérica antes de tan fatídico desenlace.

Os dejo el enlace para que lo disfrutéis, y una mera traducción cuya letra te hace pensar. Al menos a mí.



Traducción al español, un tanto simplón:

Gotas de lluvia siguen cayendo en mi cabeza
Y como el hombre cuyos pies son muy grandes para su cama
Nada parece encajar
Esas gotas de lluvia caen en mi cabeza, siguen cayendo

Así que hablé con el sol
Y le dije que no me gustaba la manera en que hacía las cosas
Se quedó dormido en el trabajo
Esas gotas de lluvia caen en mi cabeza, siguen cayendo

Pero hay cosas que sé
La tristeza que esas gotas me hacen sentir, no me vencerán
No pasará mucho tiempo para que la felicidad venga a saludarme

Gotas de lluvia siguen cayendo sobre mi cabeza
Pero eso no significa que mis ojos enrojezcan pronto
El llorar no es para mí
Porque no voy a parar la lluvia quejándome
Porque soy libre
Nada me preocupa

No pasará mucho tiempo para que la felicidad venga a saludarme

Gotas de lluvia siguen cayendo sobre mi cabeza
Pero eso no significa que mis ojos enrojezcan pronto
El llorar no es para mí
Porque no voy a parar la lluvia quejándome
Porque soy libre
Nada me preocupa