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jueves, 9 de marzo de 2017

Este jueves... Bon apéttit

Esta semana es nuestra amiga Matices quien nos persuade la creatividad para que escribamos un relato, a ser posible, culinario. Aquí os dejo mi aportación:



BON APÉTTIT 

Una mañana primaveral, me encontraba dando un paseo con mi amigo Godofredo (nombre ficticio para preservar su identidad) por una calle pintoresca de una ciudad apacible (nada de chovinismos). Tras el agradable paseo, seguimos la jornada pensando dónde podríamos apaciguar nuestras ruidosas entrañas. Entramos en un mesón especializado en cocer cocidos. Yo tuve claro lo que pediría: cocido. En cambio, Godofredo se empeñó en pedir pato a la sangre (canard au sang), que había probado en París. “Caballero, aquí sólo cocemos cocido…” le dijo el camarero, cuando Godofredo puso sobre la mesa un taco de billetes de cincuenta euros. En ése momento, el camarero buscó a la chef. La chef entró en las cocinas y dijo: “un taco de billetes de cincuenta euros para quien cocine un pato a la sangre. Compré uno ayer y está en la nevera pequeña que tiene el imán con forma de pato”. En la cocina había un pinche marroquí que había trabajado en París. El caso es que, Said, que así se llamaba, cocinó un sabroso pato a la sangre; se ganó un taco de billetes de cincuenta euros y lo repartió entre su familia para seguir trabajando de pinche. La chef, quedó satisfecha por haber cumplido con lo que más le gustaba: satisfacer al cliente. Godofredo se chupó los dedos y se gastó una pasta en ello. Y yo, no pude hacer menos que escribir un relato que pudo ser ficticio. 

Alberto Villares


Tienes más relatos gastronómicos, o no, en la casa de "Matices en la vida"

viernes, 24 de febrero de 2017

Este jueves... Historias de una escalera

Y después de un largo silencio, una chispa hizo que la hoguera se avivara, y surgió como si del Fénix se tratara. Y así fue como acabé retomando la escritura, que dure.



Esta semana es nuestra amiga Charo quien nos anima a que escribamos acerca de alguna historia ocurrida en una escalera. Aquí dejo mi aportación para que la disfrutes, la borres, se la enseñes a tus amistades, la incluyas en una de tus ponencias, la copies, o lo que te apetezca. Ahí va:


EN MEDIO DE LA ESCALERA 

Ocurrió en una de esas escaleras que sirven para subir y para bajar. Estaba dividida en tramos de treinta y ocho peldaños perfectos, de esos con forma de ángulo de noventa grados. El caso es que me encontraba en su tramo medio. No el tramo medio de un tramo de treinta y ocho peldaños, sino del total de tramos de treinta y ocho peldaños. El lugar no resultaba agradable. Había recorrido gran parte de la escalera: concretamente la mitad. Paré para tomar un respiro y perdí la memoria. No sabía qué hacía allí, si subía o si bajaba. No recordaba el motivo de mi inversión energética en aquella empresa repleta de peldaños. Perdí el sentido, y temí caer rodando por las escaleras hasta abajo. Todo cesó cuando por allí me adelantó una tortuga. Concretamente un galápago, que son más ágiles que las tortugas de tierra y pueden agarrarse con sus uñas afiladas. Al subir al peldaño en el que me encontraba yo, se paró. Lentamente, giró su cabecita y me observó. Aún recuerdo su mirada circunspecta. Como de asombro. No sé lo que pudo pasarle por su cabeza verdosa, pero miró al frente y retomó su ascenso. Y yo, decidí seguirle. 

Alberto Villares



Puedes disfrutar de más historias ocurridas en escaleras en su blog ¿Quieres que te cuente?